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MALA FE EN LOS NEGOCIOS – Y AHORA ¿QUIÉN PODRÁ AYUDARNOS?

publicado a la‎(s)‎ 6 ago. 2015 13:54 por Rodrigo Astorga

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“En los negocios todo se vale”, “hay que ser desalmado para progresar”, “solo los duros progresan”, “el pez grande se come al chico”, “en los negocios las verdades son relativas”, “vive la vida y no dejes que la vida te viva”, “no te detengas hasta que veas sangre”, “recuerda que el más patán siempre se lleva a la chica bonita”... ¿quién no ha sido víctima de esta filosofía? todos los que hemos hecho negocios alguna vez y sobre todo los nuevos emprendedores escuchamos estas cosas a diario y sufrimos por los engaños de clientes, socios, proveedores, competencia, etc., etc. Entonces es verdad que ¿la ciudad es una selva y que el mundo de los negocios es para gente sin alma?, yo no lo creo, conozco muchos empresarios que son exitosos justamente por su buena reputación y su respeto a la palabra empeñada, pero sinceramente son la minoría. Ahora, esto no significa que nos encontremos totalmente desamparados, en este artículo revisaremos como el derecho y la ley en el Perú han tratado (con poco o mucho éxito) de proteger al empresario contra los actos de mala fe.

 

En el derecho civil:

 

La mala fe en el derecho civil se expresa como Dolo Determinante o Dolo Incidental y produce la nulidad o la anulabilidad del acto jurídico respectivamente, de igual forma ambas son causales para el pago de una indemnización de daños y perjuicios. Traduciendo: si se miente o se induce a error a la otra parte durante una negociación, el contrato resultante es nulo o anulable por vicios en la voluntad y además la parte afectada puede reclamar el pago de una indemnización por sus pérdidas objetivas.

 

En el código Penal:

 

El código Penal Peruano tiene todo un título dedicado a los delitos contra la confianza y la buena fe en los negocios, que abarca los atentados contra el sistema crediticio, la usura, y el libramiento y cobro indebido de cheques, de igual forma se pena la apropiación ilícita de bienes, la defraudación y la estafa. En pocas palabras, se establecen penas de cárcel para quienes actuando a sabiendas (con dolo) usan el engaño y la mentira para apropiarse de bienes ajenos.

 

En el derecho del consumidor:

 

La totalidad de las normas de protección al consumidor se basa en el principio de buena fe. El ya no tan nuevo Código de Protección y Defensa del Consumidor  establece una sería de normas para proteger a los consumidores finales de bienes y servicios, asegurarse que reciban la información adecuada, que no se emplee publicidad engañosa o fraudulenta, hacer nulas las cláusulas abusivas en los contratos por adición, etc. y establecen no solo indemnizaciones pero también multas bastante altas para los proveedores, productores o comerciantes que infrinjas estas normas.

 

En el derecho de la competencia:

 

Perú no solo cuenta con una legislación actualizada sino que también con una entidad especializada y un tribunal dedicado a Eliminar las Prácticas Monopólicas, Controlistas y Restrictivas de la Libre Competencia. Esta norma  prohíbe y sanciona los actos o conductas que constituyen abuso de una posición de dominio en el mercado o que limiten, restrinjan o distorsionen la libre competencia.

 

En conclusión en Perú tenemos normas más que suficientes para regular la mala fe en los negocios y no es cierto que vivamos en una tierra de nadie donde el más matón siempre gana. Pero debemos considerar que tenemos dos grandes problemas: el primero es de desconocimiento por parte de los mismos empresarios, que no saben a quién recurrir ni que provisiones tomar, la renuencia del empresario peruano a buscar consejo profesional (y a hacerle caso) es su peor enemigo; el segundo gran problema es la demora de las entidades operadoras, el Poder Judicial, INDECOPI y cualquier entidad en el Perú se encuentran colapsadas por carga de trabajo, esto no se debe a una falta de mano de obra sino a que la cultura y el sistema peruano están basados en el “papel”, ninguna autoridad o funcionario tomará una decisión si esta no está sustentada en un informe escrito por alguien más, y solo se pronunciaran por los pedidos escritos que hayan recibido (de forma textual), así la decisión más pequeña necesita del movimiento de la maquina administrativa y consecuentemente se toma su tiempo.

 

Pues bien, como las cosas no van a cambiar prontamente ¿qué puede hacer el empresario para protegerse de los actos de mala fe en los negocios de inescrupulosos, corruptos, mentirosos, “vendedores de cebo de culebra” y demás fauna?

 

1) Consiga Asesoría Permanente, es mucho más fácil revisar un contrato antes de que se firme, que tratar de recuperar lo perdido después. De igual forma cuídese usted mismo de no caer en actos que puedan ser considerados dolosos o de mala fe. Recuerde que un abogado siempre será más barato antes que después.

 

2) El Bendito Arbitraje, colocar clausulas arbitrales en todos sus contratos es una buena forma de mantener alejado al poder judicial, parece más caro, pero el ahorro en tiempo hace que, a la larga,  sea una opción mucho más económica.

 

3) No olvidemos la Sanción Moral, una vez que detectemos una empresa o persona que procede de mala fe en los negocios no debemos tener miedo de decirlo y de recordarlo, el gremio empresarial es una comunidad y si no actuamos como tal estaremos solos y desamparados.


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