BLOG‎ > ‎

Kioto hasta 2020, y ahora qué?

publicado a la‎(s)‎ 18 dic. 2012 7:34 por Rodrigo Astorga   [ actualizado el 17 nov. 2013 9:13 ]

Los 194 países reunidos en la Conferencia de Naciones Unidas del Cambio Climático en Doha aprobaron la extensión del Protocolo de Kioto hasta el 2020, sin contar con Japón, Rusia, Canadá y Nueva Zelanda. El problema es que los países que se han comprometido a reducir sus emisiones durante el segundo periodo de Kioto, con los de la Unión Europea, Australia y Noruega a la cabeza, generan poco más del 15% del total de emisiones contaminantes mundiales. Estados Unidos nunca llegó a ratificar la primera parte del Protocolo de Kioto y tampoco se ha sumado a este segundo periodo. Los países que se han comprometido en Doha solo representan un 15% de las emisiones mundiales, aún si cumplen sus compromisos el impacto en el clima mundial no variará.

Ya son más de once años desde que se realizó la primera ronda de Doha con intención de promover un desarrollo limpio y reconciliar los grandes intereses industriales con el medio ambiente, hoy podemos decir, sin temor a equivocarnos, que este esfuerzo no está funcionando. La certeza de la amenaza del cambio climático y los graves daños y perdidas que ya está generando en diferentes partes del mundo no han sido suficientes para convencer a los líderes políticos y a los líderes capitalistas e industriales de cambiar la forma en la que generan desarrollo y riqueza. Siendo realistas debemos admitir que aumentar los estándares ambientales incrementa los costos, reduce la producción y reduce la competitividad de los productos, en el mejor de los casos los productos "verdes o limpios" se pueden vender solo a una minoría, como esto es mal negocio los grandes capitales y por ende los políticos que dependen de ellos nunca van a promover un cambio real.

Reducir las emisiones de carbono no significa salvar animales en una selva lejana, tampoco guardar paisajes para que nuestros nietos los puedan ver, reducir la emisiones de carbono significa cuidar la calidad de vida y la salud de miles de millones de personas, la gran mayoría de la población mundial que no tienen ninguna de las comodidades de los barrios adinerados de nuestras ciudades. Nuestros líderes, nuestros políticos, nuestros industriales, nuestros banqueros no viven el problema, no saben lo que es no tener agua limpia, lo que es enfermarse por que el aire está contaminado, no saben lo que es perder un hogar por una inundación o una cosecha por una sequia, algunos no saben ni siquiera lo que es vivir sin aire acondicionado y aun así algunos de ellos intentan resolver el problema. Pero cómo podemos exigirles que resuelvan un problema que no conocen, que no sientes y que a veces piensan que no existe?

En mi ciudad, los barrios más contaminados son también los más pobres, los más peligrosos y también los más populosos, en ellos viven dos tercios del total de habitantes. Es curioso que a pesar de vivir en relativa pobreza su extenso número los hace el mayor mercado de consumo, las grandes fábricas producen muy poco para los barrios finos y caros, pero muchísimo para los barrios pobres, feos y llenos de gente, millones de personas que casi nunca ahorran sino que gastan todo lo que logran producir y trabajan más para gastar más al día siguiente. Tienen que gastar más porque si bien los productos hechos en masa son baratos, duran poco y hay que reemplazarlos, y la comida masificada (transgénica y chatarra) es siempre la más barata. En estos gigantescos barrios, con millones de personas, no hay espacio para parques o juegos, hay demasiada gente y el espacio es demasiado valioso y las calles peligrosas, así que los niños ya no juegan sino que ven TV (por qué no? es gratis) y crecen con un aparato que les muestra una realidad que no existe y que les dice todos los días que serán felices si compran más. En los gigantescos barrios pobres de mi cuidad se producen dos cosas en gran cantidad: dinero y basura, el dinero nunca se queda y la basura nunca sale.

 El problema del cambio climático, no lo genera ni la ambición de los políticos ni la codicia de los comerciantes, lo generan nuestras costumbres, las cosas que hacemos o dejamos de hacer todos los días. Por ello ningún acuerdo internacional, ningún discurso o ley podrán resolver el problema, lo único que puede evitar la catástrofe que se avecina somos nosotros y lo que le enseñamos a nuestros hijos. Hay que felicitar a los que tratan de hacer en Doha algo positivo, pero esa no es la solución, es tratar de curar el cáncer con una aspirina.

Comments